andar de puntillas

Si tu hijo o tu hija anda de puntillas en alguna ocasión, no es motivo para preocuparse. De hecho, muchas veces cuando los niños empiezan a andar lo hacen de puntillas, ya que están aprendiendo y ponen en práctica distintas maneras de hacerlo. Sin embargo, cuando un niño anda de puntillas de forma habitual, y especialmente si mantiene este hábito más allá de los dos o tres años, entonces sí que deberías consultar al pediatra.

El motivo es que podría tratarse de un problema llamado marcha en puntillas infantil, una forma de andar que, como su nombre indica, consiste en andar de puntillas de forma habitual y permanente.  

Cómo es la marcha durante los primeros años de vida

Antes de ahondar en la marcha de puntillas infantil, conviene entender cómo aprenden a andar los bebés. Este proceso implica una habilidad implícita, es decir, algo que no se puede enseñar sino que se aprende de manera natural. Durante los primeros meses los bebés van alcanzando unos hitos necesarios, por ejemplo sostener su cabeza, mantenerse sentado, voltear su cuerpo, desplazarse arrastrándose o gateando, etc.

Entre los 12 y los 18 meses, adquieren las habilidades necesarias para poder sostenerse de pie y desplazarse andando de manera independiente. Sin embargo, su manera de andar todavía será torpe e insegura. La falta de equilibrio provocará mucha inestabilidad y todavía no sabrá cómo colocar los pies y como mover sus piernas para que la marcha sea estable. Poco a poco irá controlando estos movimientos hasta adquirir el patrón definitivo en la marcha: talón-punta.

La marcha se considera un ciclo. Se inicia cuando un pie contacta con el suelo, y termina cuando ese mismo pie vuelve a contactarlo. Durante ese ciclo, el pie pasa por distintas fases, siendo la de apoyo la más importante. En la fase de apoyo, el talón es el primero en contactar con el suelo, luego se apoya la planta, se eleva el talón y el pie despega, siendo la punta la última en perder el contacto.

Pues bien, cuando el bebé aprende a andar es posible que no complete toda la fase de apoyo y se salte el apoyo del talón, utilizando solo las puntas, pero poco a poco debería aprender a apoyar el talón para tener mayor estabilidad. El problema aparece cuando esta forma de andar de puntillas se mantiene más allá de los dos años y de forma habitual. Entonces estamos probablemente ante una marcha en puntillas infantil.

Qué es la marcha en puntillas infantil

Cuando los niños mayores de dos o tres años mantienen el hábito de andar de puntillas, estamos ante una situación llamada marcha de puntillas. Si este problema no se debe a ninguna alteración neurológica, se le llama marcha de puntillas idiopática, es decir, de origen desconocido. Aunque en muchas ocasiones el problema está en que estos niños presentan un acortamiento del tendón de Aquiles.

Los niños con esta alteración de la marcha lo hacen con los dos pies por igual. Curiosamente estos niños son capaces de mantenerse de pie con toda la planta apoyada, también el talón, e incluso son capaces de andar realizando el ciclo de marcha correctamente (talón – planta-punta). Es decir, aunque tienen la capacidad de andar bien, no suelen hacerlo así de forma habitual. 

Este problema tiene bastante incidencia, de hecho, se considera que afecta a aproximadamente un 5% de niños y niñas. Por eso es un motivo frecuente de consulta. Sobre todo porque los padres pueden alarmarse y suponer que detrás de esta marcha alterada subyace algún trastorno neurológico como enfermedades neuromusculares, parálisis cerebral, autismo u otros problemas graves).

Sin embargo, y como decíamos, en muchas ocasiones no hay ningún problema de este tipo, especialmente si no ha habido alteraciones durante la etapa gestacional ni ningún otro síntoma que nos alarme. De todas maneras, si te preocupa la manera de andar de tu hijo o hija, lo mejor es consultar al pediatra, tal y como veremos a continuación.

Cómo es el tratamiento de la marcha de puntillas

Cuando una familia detecta que su hijo de dos o tres años sigue andando de puntillas de forma habitual, o ha empezado a hacerlo de forma tardía, cuando siempre había andado bien, lo mejor es plantearle la situación al pediatra. Éste tendrá una visión global del niño y podrá examinar su caso. Si lo considera necesario, os derivará a algún especialista para realizar una exploración neurológica y/o músculo-esquelética. 

Si no se detecta daño neurológico, podéis estar tranquilos. La evolución será satisfactoria y en muchos casos ni siquiera requerirá tratamiento: el problema irá remitiendo a medida que el niño/a madure. Sin embargo, también es posible que os presenten algún tratamiento para acelerar la mejora. Estos tratamientos generalmente consisten en terapias físicas destinadas a mejorar el movimiento del tobillo, estirar los flexores plantares, entrenar el movimiento de marcha correcto, etc. 

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